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¿A dónde se fue el instinto maternal?

Escrito por Guzmar el Septiembre - 12 - 2009 5 Comentarios

pc050105He presenciado cosas buenas y malas, muchas para mi gusto, porque tengo la mala costumbre de tomarme todo a pecho. Otros lo llamarían vivir intensamente. Yo diría que me preocupo más de la cuenta. Lo cierto es que lo que quiero contar me preocupó “más de la cuenta”.

Acostumbro llegar a la radio a las 6 de la mañana, hora en que sale al aire mi programa, siempre con un dejo de cansancio por mis funciones como periodista, mamá, esposa, hija y amiga, entre otros cargos que preferiría no intentar definir en esta tribuna porque definitivamente sería otro artículo.

Como es costumbre bajo del carro de mi tío, quien diariamente se ha tomado la tarea de llevarme al trabajo. Es parte del amor paternal que siempre ha sentido por mí y del afán de protegerme a pesar de mis 28 años.

Ese día llovía, no a cántaros, pero llovía. Escasamente había encontrado en el camino a la emisora uno de los periódicos impresos que siempre leo al inicio del programa, porque en Barquisimeto cuando cae llovizna los pregoneros desaparecen de las calles protegiendo su mercancía de los embates del agua.

Finalmente bajé del carro. En la emisora, que también es sede de un instituto universitario, conviven una pareja de perros que hace más de 15 días tuvo media docena de cachorritos de los cuales 2 murieron pocos días después de nacer, cada mañana al llegar voy pendiente por si anda uno por allí, tengo debilidad por los cachorritos.

Ese viernes, fue igual, divisé mis alrededores esperando ver a uno. Mi tío aun estaba estacionado esperando que entrara a la emisora, yo continuaba con mi paso lento a pesar de la llovizna esperando ver a los perritos, de repente, mire a mi izquierda y allí estaba uno, chillaba con voz muy bajita, no sé si porque estaba lejos de su mami o porque se mojaba con las gotitas de lluvia, parecía no poder andar.

Inmediatamente mi personalidad de “súper heroína” salió a relucir (me preocupé más de la cuenta), y decidí acercarme para ayudarlo a resguardarse, no había dado dos pasos cuando escuche el ladrido de la perra, su mamá, venía directo hacia mí con los dientes afilados, mirándome como a una enemiga, su mirada de furia me heló instantáneamente la sangre, el corazón se me salía del pecho, no podía pensar en nada, me paralice.

Luego tuve un pensamiento al mejor estilo de Pinky Dinky Doo (los que tiene hijos sabrán que es un dibujo animado muy mal hecho que transmite Discovery Kids), ella siempre tiene una gran idea en los peores momentos, y llegó a mi mente el periódico, el único que había conseguido, no pregunte como conecté mi pensamiento sobre el miedo que los perros le tienen a los periódicos con la tensión de mi musculatura y reflejos paralizados para levantar finalmente mi brazo y amagarle con el diario.

¡Bingoo! La había ahuyentado, mi tío también se había bajado del carro y piedra en mano me ayudó a alejarla definitivamente, entré temblando a la radio pero con el pensamiento fijo en la ferocidad con la que esa madre protegió a su pequeño hijo. No pensaba en mi susto, en lo cerca que estuve de una mordida sino en el instinto maternal de ese animal, que dicen los especialistas que no razona, pero sin embargo es capaz de convertirse en fiera salvaje para defender a quien quiere, al fruto de su vientre.

Y rápidamente todos esos pensamientos se fueron mezclando con la sensación de pérdida y de tristeza, y llegó a mi cabeza una interrogante ¿Por qué muchas madres venezolanas -y me incluyo- no hemos defendido con esa fiereza la integridad, el futuro y las condiciones de vida de nuestros hijos? Y otra más ¿Por qué hemos permitido que decisiones arbitrarias de otros le quiten la posibilidad a nuestros niños y adolescentes de crecer en un lugar donde su pensamiento se respete, donde sea considerado una voz que tiene voto y derecho a elegir lo que quiere para su vida?

¿Por qué el silencio ensordecedor de estos últimos días? ¿Es que acaso estamos ciegas y ciegos? ¿sordos tal vez? ¡Ah, ya sé! ¿Es que no podemos dejar el disfrute de las vacaciones a la orilla de la playa por un momento para defender lo que tenemos y nos quieren quitar, no por nosotros sino por los que heredarán los frutos de esta tierra?

Me quede abismada como días atrás, en CC Sambil Barquisimeto un grupo de jóvenes estudiantes entro a pesar de la vigilancia, con pancartas y consignas hasta la feria de las comidas para protestar por la aprobación de la ley de educación y los presentes no pasaron de aplaudirlos, cuando fueron sacados del recinto por oficiales de seguridad, nadie, ni una persona, fue capaz de salirse con ellos y menos de dejar su esparcimiento para apoyarlos en la causa. ¿Cómo defender nuestros derechos si la desidia y la irresponsabilidad no nos dejan caminar?

Este es un auto reclamo, pero si toca sus fibras, su conciencia, no lo deje para mañana, exija respeto, y levante su voz hasta que muchas más acompañen la suya para formar un coro fuerte y vibrante, seguramente escuchará la mía.

Somos la Gentedeapie
 

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