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Septiembre , 2010
Jueves

Gente de a pie

Infociudadanía desde Venezuela. Periodismo ciudadano y tejido de redes para nuevos infociudadanos

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Cómo caen los poderosos, un artículo de Gustavo Roosen

Escrito por jnievesmontero el Agosto - 26 - 2009 Comentar

Hay empresas que luego de haber llegado a ser grandiosas terminan despareciendo o se vuelven irrelevantes. Un nuevo libro de Jim Collins, titulado en español Cómo caen los poderosos (How the Might Fall), describe ese camino. Collins sabe de lo que habla. Fue él quien escribió también Good to Great (De grande a grandioso).

La obra de Collins, a juicio de consultores empresariales como Julio Martínez Itté, describe este descalabro como un proceso en cinco etapas a través de las cuales las organizaciones transitan del éxito al fracaso. Este sería su resumen: 1- Arrogancia nacida del éxito (”Somos grandiosos”). 2- Persecución indisciplinada del crecimiento (”Podemos hacer cualquier cosa”). 3- Negación del peligro y toma desmesurada de riesgos (”Nada puede andar mal). 4- Búsqueda dramática de una salvación (”Necesitamos un cambio radical, un salvador”). 5- Capitulación (”Estamos arruinados”).

Más allá del proceso, sin embargo, interesa descubrir las conductas que arrastran al fracaso. Estas son algunas, percibidas en los líderes: atribuyen el éxito a sus propias cualidades; convierten las prácticas de buena gerencia en dogmas infalibles e inmodificables incluso cuando han cambiado las circunstancias; se perciben indemnes frente a los cambios, ambicionan siempre más y persisten en la búsqueda de metas inalcanzables; desechan la crítica y la autocrítica; invaden campos de actividad para los que no tienen capacidad ni experiencia; niegan la existencia del riesgo y el peligro; restan importancia a las dificultades considerándolas irrelevantes, temporales o cíclicas; esconden los datos negativos y amplifican los positivos; se afirman en el convencimiento de que todo finalmente irá bien y atribuyen los problemas a factores externos; cuando los problemas persisten, apuestan a salvadores carismáticos o a medidas radicales, pierden el contacto con la realidad y se construyen su propia ficción.

¿Algún parecido con la Venezuela de hoy?

¿Qué actitudes del liderazgo nacional explican la acumulación de problemas no resueltos y el clima de reclamos que se percibe en todo el país y en todos los ámbitos? ¿Qué explica las manifestaciones diarias, unas por la libertad, los derechos, la legalidad, otras por la seguridad, la salud, el empleo, la vivienda, los servicios? ¿Cómo se justifica el reclamo cotidiano de obreros, empresarios, estudiantes, amas de casa, empleados públicos, barrios y urbanizaciones, productores y consumidores? ¿Qué actitudes de nuestros líderes han convertido la Venezuela de las oportunidades en la Venezuela de los problemas y las carencias, de la conflictividad, del debilitamiento de las instituciones, de la emigración y la desesperanza?

¿Se gobierna para solucionar los verdaderos problemas o para postergarlos u ocultarlos? ¿La pretensión oficial de cubrir todos los campos está potenciando algo más que la ineficiencia y acelerando el fracaso? ¿La obsesión por una misión revolucionaria está conduciendoal país a una pérdida de contacto con la realidad?

El camino a la ruina que describe Collins no es fatal, pero probablemen te lo sea si se pierde el sentido común: si el liderazgo mantiene actitudes de arrogancia, autosuficiencia, autoritarismo, desprecio por las reglas, negación de los peligros e invasión de todos los ámbitos y actividades; si se mantienen la  indisciplina administrativa y el clima de caos e ineficiencia, la toma desmesurada de riesgos, la desatención a los verdaderos problemas y la alimentación de falsos problemas; si se alienta la prepotencia, la desviación de responsabilidades, la engañosa consigna de país necesariamente rico y condenado al éxito. (via El Nacional)

Días de radio

Escrito por jnievesmontero el Agosto - 21 - 2009 4 Comentarios

El ataque desmedido del que está siendo víctima la radio es producto de uno de los peores defectos que, recurrentemente y desde hace años, mucho antes de cualquier atisbo de chavismo o movimiento bolivariano, adolecen nuestros gobernantes: el actuar en y para la coyuntura.

Permanentemente somos bombardeados con la idea de que existe un gran plan que viene desde La Habana, Moscú, Teherán o el samán de Güere y que siguiendo esas directrices se ha colocado a la libertad de expresión en estado de emergencia.

Sin embargo, algunos ejemplos nos hacen pensar que tal plan no existe sino que se trata de un perverso y reactivo accionar que trata de aplacar enemigos, acallar voces críticas sin tener una perspectiva de lo que ocurre.

En resumen, falta de compresión, valoración o meramente conocimiento de la historia, incluso la reciente.

La radio en abril de 2002

Todavía recuerdo, más allá de las razones por las que las televisoras tuvieron el comportamiento que tuvieron en los sucesos de abril de 2002, cómo la radio, Unión Radio en particular, comenzó a mostrarnos un panorama que contradecía el control que, teóricamente, Pedro Carmona Estanga tenía sobre el país.

Mientras Globovisión, Venevisión, Televen, RCTV y los demás canales tomaban decisiones, Unión Radio transmitía con franqueza, desde la noche del 12 de abril, que en Fuerte Tiuna había disensos importantes y presagiaba lo que se perfilaba como más que una simple alternativa: el presidente Chávez podría regresar a su cargo.

En esos momentos, Unión Radio fue muy útil al gobierno del presidente Chávez pues, en buena medida, comenzó a desmontar los exaltados discursos que veían la salida del poder del presidente como un fin en sí mismo sin respetar los aspectos constitucionales y sociales de dicho evento.

La radio como tribuna de discusión

Si algo no le ha faltado al gobierno bolivariano es la aprobación de leyes, desde la Constitución de 1999 en adelante, todo lo que se ha querido presentar, exponer o imponer ha sido convertido, más temprano que tarde, en una ley.

Por la insólita conformación del parlamento en ejercicio, electo por alrededor del 10% de la población y dominado antiestadísticamente por las fuerzas afectas al proceso del presidente Chávez, las leyes suelen causar escozor -por utilizar un eufemismo- en todos los demás sectores no representados en este proyecto político.

Sin embargo, la radio le ha servido a figuras y voceros autorizados del gobierno exponer sus puntos de vista, las razones por las que consideran conveniente y beneficioso determinado instrumento legal: lo que no se animan a decir a un canal de televisión, lo dicen sin problemas en la radio.

Y estoy convencido de que, muchas veces, por encima de las diferencias naturales que puedan existir, un buen argumento puede lograr racionalizar las discusiones e, incluso, encontrar aliados coyunturales en aquellos que son, inherentemente, nuestros contrincantes, porque, en definitiva, todos estamos luchando por un país mejor.

El precio de los beneficios hertzianos

Pero todas estas ventajas, sin duda, tienen un precio. El precio de que haya un reportero en cada hospital sin insumos, en cada obra mal construida o abandonada, detrás de cada manifestante por sus derechos laborales, cubriendo las ruedas de prensa de los partidos políticos de oposición.

Cuando se está acostumbrado al ejercicio de proponer y que los demás aplaudan, cualquier nota discordante, como un violín rebelde en una orquesta, resuena con estridencia y genera en el director deseos de que esa situación se subsane para que la orquesta siga su partitura sin sobresaltos.

Y en estos tiempos, cuando el aparato estatal comprende sectores tan importantes que ejerce un papel tan marcado sobre la economía y sus actores y nada parece interrumpir el curso de los acontecimientos, lo que se necesita son unos medios que o pongan música o se limiten a aplaudir.

Ya lo dijo el presidente Chávez y lo repitió el ministro Chacón: “sin los medios privados el presidente tendría 80% de popularidad”. Sin embargo, esa frase fue dicha en medio de coyunturas electorales y bajo las circunstancias actuales.

¡Cuánto no añorarían los pseuvistas, en un escenario donde fueran actores políticos representativos de una minoría, una tribuna para explicar sus puntos de vista!

Pero, como alguna vez dijo la difunta profesora Janeth Kelly, éste es el país del operativo, en lugar de las estrategias. Hoy ponemos el pañito caliente, mañana vemos si era dengue.

¿Y los platos rotos? Los paga el país, es decir, todos.

Menos periodismo y más corrupción, un artículo de Sergio Dahbar

Escrito por jnievesmontero el Agosto - 1 - 2009 1 Comentario

Cartel mapa de medios de comunicación en VenezuelaNo abundan los trabajos reflexivos sobre la naturaleza del oficio periodístico y las consecuencias de su crisis actual en medios de comunicación masivos. O bien porque resultan extensos y cada día existe menos capacidad para publicar debates. O bien porque los editores se encuentran demasiado angustiados con los recortes financieros, la caída de la circulación y la desaparición de la publicidad, como para pensar en lo que deberían estar pensando.

En Letras Libres, raro oasis mexicano en el magma de las revistas latinoamericanas, dirigida por el ingeniero e historiador Enrique Krauze, apareció un artículo de esos que ya rara vez se suelen publicar. Lo firma Paul Starr, profesor de comunicaciones y asuntos públicos en la escuela Woodrow Wilson, de la Universidad de Princeton. Y posee un título sugestivo: “Adiós a la era de los periódicos: bienvenida la nueva era de corrupción”.

Especialista en medios y periodismo, autor del libro Freedom’s Power (Basic Books, 2007), Starr confirma la siguiente especie: “Entre más baja resulta la circulación de periódicos en un país, más alta es la posición de dicho país en el índice de corrupción”.

Esta no es idea que Starr pone en circulación porque le parece ocurrente: es una reflexión central en su interesante y cautivador trabajo que se apoya en un estudio de 2003 realizado por The Journal of Law, Economics, & Organization, por Alicia Adsera, Carles Boix y Mark Payne, en donde rastrean la relación entre corrupción y libre circulación de periódicos.

Como agrega Starr, una prensa financiera comprometida es más susceptible de ser una prensa éticamente comprometida. Ahí es donde está el detalle. Los diarios se encuentran en el mundo entero en crisis. Pocos han superado esa primera conmoción que implica ver disminuidas sus plantas de periodistas, o recortados los sueldos para sobrevivir la hecatombe financiera. Menos aún han logrado entender que si no se adaptan a los desafíos que impone la red, desaparecerán como los dinosaurios.

Existe demasiada rabia en la sociedad contra los medios como para justificar esta crisis con estas palabras: “Lo merecían, dejemos que sean ellos los que sufran ahora”. Pero semejante reclamo es lo que llaman alegría de tísico.

Lo que perdemos todos es algo que vale demasiado como para hipotecarlo con un resentimiento pasajero. La investigación que siempre ha desvelado a los corruptos, porque pone en evidencia sus chanchullos con el Estado y con la empresa privada, para engordar sus alforjas con sobreprecios y otros negocios turbios.

Quiérase o no, los medios constituyen una parte esencial de cualquier sociedad.

Han sido los ojos de la comunidad frente a malos desempeños públicos, la posibilidad de controlar a los abusadores, una suerte de sistema cívico de alarma, como lo llama Paul Starr. En Venezuela el tema posee una vigencia alarmante: no sólo porque la crisis económica afecta la calidad del periodismo que podría servir de auditor social. Sino porque el gobierno de Hugo Chávez, con su naturaleza autoritaria, desea arrodillar a la profesión.

RCTV perdió la concesión; Venevisión optó por el nicho de las comiquitas; Globovisión pende de un hilo porque tubearon al Estado informando sobre un sismo; Unión Radio ha sido visitada por funcionarios del Estado con grabaciones puntuales de programas que el Gobierno considera incómodos. Los medios impresos, que marcaban la agenda con grandes investigaciones sobre casos de corrupción o ineficiencias del Gobierno, sufren los embates de la crisis económica y en algunos casos son adquiridos por grupos que desean enfocarse en el negocio (no se sabe de quién).

El caso venezolano sirve para justificar con muchos otros ejemplos mundiales el artículo de Paul Starr. El cuarto poder, o bien por la crisis económica o bien por la presión de gobiernos autoritarios, dejó de ser lo que era. Lo que sin duda tendrá efectos nefastos en la sociedad. Starr propone, para evitar que se profundice la corrupción, utilizar el poder que antes detentaba el periodismo de otra manera. La última frase de su trabajo es lapidaria: “Nuevas tecnologías no nos despojan de nuestras viejas responsabilidades”. Quizás haga falta algo de creatividad, que siempre sale a flote en tiempos totalitarios. (vía El Nacional)

Foto: LuisCarlos Díaz CC
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