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Septiembre , 2010
Lunes

Gente de a pie

Infociudadanía desde Venezuela. Periodismo ciudadano y tejido de redes para nuevos infociudadanos

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Todos los martes me preparo para asistir a dos reuniones muy importantes para mí dentro ...
Mi exposición de motivos ante la Ley Orgánica de Educación (LOE): El primer problema ante la Ley ...
“Primero león luego cordero ruega a dios poder volver del desierto desde que vio…… la luna roja sobre el mar ...
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Tengo una sensación de intranquilidad mental que molesta mi paz psicológica como venezolana. ...
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¿Qué queremos?

Escrito por Pablo Sánchez el Septiembre - 12 - 2009 3 Comentarios

avenida-libertador“El mayor peligro de los gobiernos es querer gobernar demasiado.”
Conde de Mirabeau (1749-1791) Político, escritor y orador francés.

“Hay que querer hasta el extremo de alcanzar el fin; todo lo demás son insignificancias.”
Fiodor Dostoievski (1821-1881) Novelista ruso.

“No basta saber, se debe también aplicar. No es suficiente querer, se debe también hacer.”
Johann Wolfgang Goethe (1749-1832) Poeta y dramaturgo alemán.

¿Qué queremos?

¿Cómo te imaginas tu día a día en Caracas?… mejor dicho ¿Cómo te imaginas tu día a día en Venezuela?

Aquí va mi respuesta:…

Me imagino levantándome a una hora decente (seis y media de la mañana estaría bien). Salgo ligeramente despeinado y tras haberme lavado la boca a comerme un cachito y tomarme un café en una de las mesas que está en la plaza cerca de la panadería del Portu mientras los “adultos mayores” leen sus periódicos del mismo modo que lo han hecho toda la vida. Me gusta escucharlos mientras planifico mi día, algunos hablan de la época en que mandaba Perez Jiménez y otros incluso hablan sobre cuentos de Gómez.

Veo pasar un autobús escolar mientras otros chicos van en bicicleta a sus colegios.

Al regresar a mi apartamento hago algo de ejercicio mientras oigo el podcast sobre las noticias de Venezuela que Jogreg ha publicado (lo puedo sentir sonreir al hablar). Me baño y salgo a mi trabajo. Tengo mi auto en el estacionamiento, pero prefiero el transporte público porque es más eficiente y seguro, además, disfruto de la vista mientras camino y siempre consigo algún libro interesante en los estantes del metro.

La mayoría de las personas a mi alrededor están algo apresuradas y caminan a sus labores como si esto fuera lo más importante del mundo, sin embargo todos se toman un instante para decir: “Buenos días”, “por favor” y “gracias” mientras transcurre el diarismo.

Me gusta vestir elegante aunque informal (pues es la norma en esta ciudad). En la plaza de la urbanización los adolescentes practican sus malabares, los universitarios leen y pintan cuadros, mientras los niños juegan a la pelota y las señoras intercambian recetas de cocina. El tráfico, aunque abundante, es fluido y ordenado en la calle. Todo el mundo carga un teléfono con WiFi, pues la red de redes es gratuita en la ciudad.

Durante mi descanso, bajo a donde la señora Beatriz a almorzar y le pido un pasticho de esos que saben a Italia con su respectivo cafecito. Recibo una foto de mis amigos en el extranjero al revisar mi correo… me dicen lo mucho que extrañan estar en Venezuela y lo contentos que están del progreso que ha tenido el país en materia económica. En un par de meses debo ir a visitarlos, pues mis vacaciones están por llegar y las agencias de viajes están ofreciendo unos paquetes super accesibles. Regreso a la oficina y decido que quiero caminar de regreso a mi apartamento al terminar el día.


Cuando llega la noche, camino sin prisa hasta el lugar de donde salí, en busca de un merecido descanso. Antes de acostarme a dormir, doy gracias al cielo por todas las bendiciones que tengo y, finalmente, pienso que ahora sí quiero tener un hijo… y quiero que crezca en esta ciudad.

No sé ustedes… pero últimamente me he dado cuenta de que llevo buena parte de mi vida observando mi realidad y resaltando lo que no quiero. Hoy quise “vivir” a través de las letras, cómo es la ciudad en la que quiero vivir… y quiero creer que creo que no es imposible lograr una ciudad así en Venezuela.

La consigna que nos hará reencontrarnos

Escrito por Pablo Sánchez el Agosto - 15 - 2009 3 Comentarios

“Si es cierto que en cada amigo hay un enemigo potencial ¿Por qué no puede ser que cada enemigo oculte un amigo que espera su hora?”

Giovanni Papini (1881-1956) Escritor italiano.

foto1

-¿Ellos vienen con ustedes? -preguntó la conserje al ver de reojo a los tres tipos que estaban entrando por la puertecilla que daba al techo del edificio.

- No. Yo no los conozco -contesté mientras la muchacha volteaba asustada hacia el precipicio que teníamos adelante; el técnico que montaba la antena se hizo a un lado de inmediato, me pareció que (al igual que la conserje) buscaba como huir del lugar.

-¿Ustedes quienes son? -preguntó el que parecía ser el líder- ¿De qué canal son?

-Somos de Televen -contesté de inmediato acercándome a él-, mucho gusto. Pablo Sánchez, productor de El Noticiero -dije tendiéndole la mano para darle la bienvenida sin hacer caso de las pistolas que mantenían visiblemente ocultas en sus manos bajo la tela de sus franelas. Mi mano se quedó en el aire sin recibir respuesta…

La cosa ocurrió hoy hace ocho días. Llegamos a eso de las nueve de la mañana al Palacio de Justicia con la misión de montar la antena de microondas para transmitir en directo para El Noticiero de medio día lo relativo al juicio de Lina Ron.  Al llegar nos informaron que no había autorización de las autoridades para instalar las antenas en el sitio acostumbrado.  Ningún medio podría transmitir en vivo desde allí.  Sin embargo, eso no nos detuvo.  Si algo he aprendido en mi vida, es que la palabra “no” jamás es aboluta; siempre hay alternativas.

Cuando llegó el técnico decidimos improvisar.  Buscamos otro lugar para transmitir.  Luego de evaluar los alrededores, decidimos que un edificio cercano podría servirnos (aunque eso implicaba un mayor esfuerzo y ciento cincuenta metros de cable hasta el Palacio de Justicia).  Tras un breve intercambio de palabras con los inquilinos, logramos el permiso.  Eran las once de la mañana, el tiempo apremiaba.

La manifestación había tenido sus “altas” y sus “bajas”.  Los simpatizantes de Lina Rona habían estado coreando consignas como: “Comandante Lina Rona, aquí está su batallón” y “Liberen a Lina Ron”.  Las voces se mezclaban con el discurso de un anciano que hablaba a través de un megáfono tratando de mantener en alto el tono de la “protesta”.  Tras una hora y media, el sol arreciaba y se notaba cierto cansancio entre los manifestantes.  Dos hileras de motos estacionadas a los lados del tumulto, demarcaban el sitio.  De repente alguien gritó: “¡Fuera Globovisión! ¡Fuera RCTV!”  El tono de los presentes se elevó como no se había escuchado en toda la mañana.  El aire que se respiraba comenzó a hacerse más denso.  Los efectivos militares que resguardaban la entrada del organismo, exhibían ahora en sus chalecos pequeñas esferas negras que (sin ser un experto) reconocí como bombas lacrimógenas.

Tras examinar el techo del edifico supimos que el sitio era perfecto para la transmisión.  Fuimos a la camioneta a buscar los ciento cincuenta metros de cable y procedimos a la instalación.  La conserje se mostró muy amable con nosotros.  La vista de las torres de El Centro Simón Bolívar se apreciaban en su vencida magnificencia, así como el verdadero volumen de los presentes en la manifestación.  Yo charlaba con la chica mientras el técnico terminaba de cuadrar la imagen y calibrar los instrumentos cuando ellos llegaron.

El más alto era también el más delgado, el que habló conmigo tenía una pequeña cicatriz en el rostro (de esas que trasmiten de inmediato que la vida no ha sido fácil), el tercero se movía muy rápido en todas direcciones con una gorra puesta.

- Vimos una vaina aquí en la azotea…

- Tranquilo mi pana - le dije- sólo estamos instalando una antena para transmitir para El Noticiero del medio día. Es todo.

- Bueno ustedes son Televen… Televen ta yien porque po lo menos, ustés sacan dos de un lado y dos del otro ¿Mentienden?… eso sí, si hubieran sido Globovisión, NO los dejamos instalar na! Esa gente lo que hace es sembrá el terror y manipular y uno no sabe pa que van a usar lo que graban.

- Mi hermano -contesté al fijarme en la convicción de su mirada fija en mí- si de algo estoy convencido por lo que usted dice -y lo dije muy en serio- es que usted, al igual que nosotros, sólo quiere lo mejor para este país -volví a tenderle la mano al final de mis palabras, y esta vez me la estrechó.

- Chamo le voy a decir una cosa -contestó- yo soy chavista radical… yo no como coba al momento de tener que hacer lo que sea para defender este país.

- Nosotros tenemos que promover la paz -dije- es parte de nuestra función como medios. El periodismo debe ser un Periodismo de Paz -no pude evitar sonreir ligeramente al acordarme de Luis Carlos.

- Chamo… chamo… así mismo es ¡Vámonos! - le dijo a sus compañeros.

- ¡Hey! -dije yo sin aguantar el impulso- mi nombre es Pablo Sánchez -repetí-, cuando quieran estamos a la orden…

- Mi pana… mi nombre es… “TAL”

- Gracias señor “TAL”

Y del mismo modo en que llegaron se fueron.  Sin que nadie supiera por dónde pasaron y sin que nadie los notara.  La chica se asustó mucho.  Media hora después del incidente seguía temblando.  El técnico me confesó que en más de diez años de montar microondas para las noticias, jamás había vivido algo así.  También se asustó.

Le advertimos al reportero que “por razones de seguridad” no hablara mal de los manifestantes. “Luego te explicamos”, le dijimos.  La transmisión se hizo sin mayores contratiempos.  Todo estuvo listo apenas unos segundos antes de la hora pautada.

Tomé mi celular y “tuitié”: “Acabamos de comprobarlo una vez más… Todos queremos lo mejor para este país… Esa es la consigna que nos hará reencontrarnos”.

Basura en el sector El Rosario de Las Minas de Baruta

Escrito por Pablo Sánchez el Julio - 21 - 2009 3 Comentarios

“El paso del tiempo condena al olvido la memoria de un país”
Arthur Miller (Dramaturgo estadounidense).-

MARTES - PREGIRA

La maraña de cables nos dio la bienvenida al sector El Rosario de Las Minas de Baruta.

Los funcionarios locales nos escoltaban mientras rechazábamos los chalecos antibalas. “Si van a ir pa’ esa zona deben ponerse ésto… los habitantes de allí tienen una culebra montada desde lo del domingo…”.

Tras intercambiar una breve mirada con mis compañeros, tomé la palabra: “Tranquilo oficial, no es necesario trasladarnos hasta allá. Este lugar tiene suficientes problemas. La calle con la basura amontonada al lado del comedor comunitario tiene todo lo que necesitamos para el reportaje. Nos vemos el jueves para transmitir en vivo…”.

JUEVES - DIA DE LA TRANSMISIÓN

¡Gloria, –gritó doña Amparo- llegaron los de la prensa! Al instante asomó su cara la cocinera del comedor. Rechoncha y con una sonrisa de oreja a oreja me recordó de nuevo a las “señoras milenarias” que llevan su vida entera vendiendo empanadas en “El Palito”. Al verme se acercó y dijo contenta: “Mijo que bueno que vinieron… a ver si ahora sí es verdad que la alcaldía nos limpia la calle y los niños dejan de comer con ese olor a podrido al lado de uno”. Las autoridades comenzaron a llegar, y con ellos el camión del aseo. “Hacemos lo que podemos… pero la comunidad también tiene que poner de su parte”.

“Móntate un momento en la moto para que veas esta cancha de baloncesto que rescatamos, por ejemplo”. A menos de una cuadra había otro aro… a mí mente vino de nuevo que Caracas debería ser conocida como la capital de los contrastes. Dudo que existan muchos lugares en el mundo en donde dos aros de baloncestos situados tan cercanos uno del otro, puedan lucir tan diferentes.

El reportaje fue un éxito. Por primera vez hubo más autoridades de las que se podía entrevistar. La comunidad hizo sus propuestas para solucionar el problema de la basura. Un vecino aprovechó para hablar sobre el mal estado de los cimientos de su casa… “si vuelve a llover fuerte, esta vaina se cae”. El camión limpió la calle, nosotros recogimos nuestros peroles al terminar y nos fuimos entre sonrisas y deseos… “ojalá y se mantenga limpio…”

Los vecinos prometieron que iniciarían una campaña de concientización para que ya nadie arrojara desperdicios fuera de las horas establecidas y los lugares reglamentarios.

Del incendio ni siquiera se habló, aquello ya era una noticia demasiado vieja. La señora Gloria me recordó cuando nos marchábamos, que no había tenido tiempo de decir que le faltaba el gas para el comedor comunitario… los policías volvieron a sus chalecos antibalas… todo esto ocurrió la semana pasada.

Un escritor llamado Roger Martin du Gard dijo que la vida sería imposible si todo se recordase, y que el secreto para vivir bien está en saber elegir lo que debe olvidarse… me pregunto si los vecinos de El Rosario recordarán que parte de la solución a sus problemas está en sus propias manos, si las autoridades recordarán que la mejor manera de atender una emergencia es evitando que ocurra o si, como suele suceder, es más fácil olvidar…

Somos la Gentedeapie
 

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