Los primeros días de la gripe AH1N1
Cuando le decían gripe porcina o gripe mexicana a la primera pandemia del siglo XXI, me encontraba en México dictando un pequeño taller sobre blogs y Web 2.0 a ONG’s que trabajaban con divulgación de salud, sexualidad, derechos humanos y mujeres. Estuvimos trabajando justo los días en que se declaró la epidemia oficialmente y se corrió la voz de alarma.

Mantuvimos las normas estrictas de higiene y proseguimos con la actividad con el mismo entusiasmo del inicio. Mientras tanto, plataformas como twitter casi explotaban con la abundancia de la palabra “Influenza”, que había contagiado a la web. Sólo piensen que eran millones de personas paralizadas en sus casas en días laborales atentas a las noticias por todos los medios.

No creíamos que una ciudad como el Distrito Federal mexicano, con una población borrosamente superior a los 24 millones de habitantes, pudiese suspender sus actividades. Pero así resultó. Era el primer día del pánico global por la nueva cepa de una gripe que, días después alcanzaría los cinco continentes.

Fuen un toque de queda respetado, con presencia militar en las calles y viviendas que repartían tapabocas masivamente.

La prensa local empezaba apenas a desfallecer ante un problema tan grnade como la pandemia: la incertidumbre. El mundo periodístico no estaba preparado para esto.

Y la gente, a su forma, le salía al paso a una ciudad tapiada, paralizada de sanitarismo y terror.
Era México. Luego el mundo. Por algo los chilangos le dijeron de inmediato: “la gripe perfecta”.







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