Crónica de Caracas: Gesto
Texto colaboración del periodista
Sebastián de la Nuez
La otra mañana en el semáforo frente a la UNEFA, intersección de la avenida principal de La Floresta con la Francisco de Miranda, una señora muy mayor conducía a un joven con síndrome de Down durante la azarosa empresa de cruzar de acera a acera. Estaban solos en medio de la calle, a mitad de trayecto, lenta y afanosa epopeya con dirección al Parque del Este. No podría haber uno imaginado pareja más desvalida. No había otros transeúntes al lado, sino ellos dos lanzados a su propio destino como dados marcados por la precariedad.

Y sucedió el milagro.
Dos motorizados se pararon para dejarlos pasar. Dos de esos animalitos sin jaula a lomos de sus respectivas cucarachas de hojalata se pararon en seco para que la pareja más desvalida de la ciudad completase su periplo, el joven con síndrome de Down ensimismado dando un paso tras otro tras pensárselo por un segundo, y la viejecita exangüe empeñada en que su acompañante no se fuera de lado o se quedara lelo en el medio.
Mientras, los animalitos en sus cucarachas, gesto de paciencia insólita, últimos caballeros espada en ristre resistiéndose en un ademán de suprema humanidad a ser devorados por la vorágine que de todas formas ya los devoró, esperaban en sus motocicletas ronroneantes, ávidas de asfalto. Santo Tomás los habría bendecido.
Foto original de El Tecnorrante. Publicada bajo Licencia CC 2.0
En Caracas circulan 2 millones 200 mil carros al día
¿Por que los caraqueños se consumen en las horas de cola? El Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Inttt) informó que en Caracas circula, en promedio, un millón 800 mil vehículos diarios, y si además se le suma la cantidad de autos que sólo pasean por la capital, la cifra aumenta a dos millones 200 mil carros por día. Si el parque automotor de Venezuela, según el Inttt, llega a cinco millones 350 mil vehículos, casi la mitad de todos los vehículos del país se mueven a diario solo por la Gran Caracas.
- Actualmente las vías expresas son diseñadas para albergar, en promedio, 1.800 autos por canal en cada hora, a una velocidad de 120 kilómetros por hora, pero en Caracas, en horas pico un vehículo puede ir máximo a 5 km/h aproximadamente.
Nada más en 2005 se realizaron 2.831.680 viajes en transporte público, 1.176.994 viajes en transporte privado y 911.062 viajes a pie (datos suministrados por la Encuesta de Movilidad del Instituto Metropolitano de Transporte del 2005 de la Alcaldía Metropolitana de Caracas) y actualmente de los 4.966.136 viajes que se efectúan a diario en el Distrito Metropolitano, en los municipios Libertador, Sucre y Chacao el transporte público es el más usado para ir o retornar del destino deseado pero en las Alcaldías de Baruta y El Hatillo el principal medio de transporte es el particular, lo cual convierte la movilidad y transporte del Distrito Metropolitano en un gran desafío.
Como si no fuera suficientemente grande el caos vehicular, según los resultados de la encuesta de movilidad de Inmetra de 2007: la población del Distrito Capital supera los cuatro millones y medio de habitantes, existen 1.389.455 autos particulares, y sólo 30% de la población posee carro. Además, la tenencia de vehículos por hogar, en promedio, es de 0,6 carros por vivienda, lo que quiere decir, que las colas se estarían produciendo solo por el 30% de personas que viajan en su automóviles.
Se estima que una persona debe salir una o dos horas antes desde su casa para poder llegar al destino a tiempo, aún si vive dentro de la ciudad o en la periferia, y aunque la mayoría prefiera salir en vehículo propio, lo cierto es que 56% de los viajes, según reportó la oficina de Transporte y Vialidad del Municipio Baruta se realizan en transporte público y menos de 30% en auto particular. Esto destruye el mito de que la mayoría de las personas que viven en Caracas viajan en carros particulares.
Ante esta situación, Josefina Flórez, directora del Instituto de Estudios Regionales y Urbanos de la Universidad Simón Bolívar, precisó que el modelo de desarrollo urbano dominante en la Gran Caracas ha favorecido al uso del automóvil, el cual ocupa mucho espacio urbano. Tal fenómeno se debe en parte a los bajos costos de la gasolina (la más barata del mundo) y estacionamientos, ausencia de peajes y el Programa Venezuela Móvil.
Señaló que en el diseño de la Gran Caracas predomina: las autopistas, existen pocas avenidas, una baja oferta de accesibilidad, la cual está “muy mal distribuida, que se concentra en el Eje Central de la ciudad, en el sentido este – oeste y todos sabemos que uno de los graves problemas de Caracas es la baja conectividad norte- sur.”
Otro inconveniente para Flórez es la reducida calidad o insuficiencia de cobertura de transporte público en algunas zonas de la Gran Caracas, además “el sistema peatonal capitalino no es continuo y de baja calidad.”
Como consecuencias de este croquis de desarrollo urbano, la docente enumeró los siguientes aspectos: “segregación de los usos del suelo y la población; la ciudad es cada vez más extensa y menos densa; hay un alto consumo de suelo urbano para el uso del automóvil; menor conectividad vial; congestión y sus efectos; crecientes niveles de congestión del tránsito; altos costos de movilidad y sociales medidos: en tiempo, dinero, molestias, estrés, accidentes; altos costos ambientales como la contaminación atmosférica, ruido y la existencia de población más pobre con un bajo acceso a las oportunidades.”
La urbanista comentó otras secuelas de este diseño urbano que se expanden más allá de Caracas, las cuales son: Venezuela ocupa el 5to lugar en accidentes de tránsito en América y es el décimo en el mundo.
“Los accidentes de tránsito representan la 5ta causa de muerte en el país.”
Según los cálculos de los del Instituto Nacional de Transito Terrestre en 2007 hubo 3 mil 154 muertes por accidentes de tránsito (siendo en su mayoría hombres jóvenes entre 15 y 35 años), los lesionados llegaron a 16 mil 712, con daños materiales que alcanzaron los 136 mil 142 equivalente a en costo al 1,9% del producto interno bruto del país.
En cuanto a los Costos de la congestión, en las emisiones de CO2, Flórez informó que el promedio de América Latina es de 2,5 ton métricas de CO2/per pero en Venezuela llega a 5,9 tm/p (1990) y 5,3 tm/p (2002), es decir “la nación tiene el índice más alto de Latinoamérica, aunque menor que algunos países del Caribe como Trinidad y Bahamas. Se puede afirmar que tenemos una ciudad con muchos accidentes de transito y se eleva poco a poco la tasa de contaminación del aire, todo por falta de una política ambiental.”
La foto Tráfico @ Caracas es de Miguel Kudry y está publicada bajo licencia CC
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Vivo en un valle de balas
Domingo. Despertándome un poco más tarde, agarré el paquete de Tegretol, comprobé que sólo me quedaban dos pastillas y anoté de una vez en mi fiel Moleskine que debo comprar otras. Ya la lista de necesidades farmacéuticas está lo suficientemente grande como para atenderla.

Sin desayunar –como lamentablemente es mi costumbre- salí para el frigorífico y entre coplas llanerísimas, esperé paciente la atención de un carnicero que ríe tan bien como hace sus cortes, mientras transforma una pieza de seis kilos en milanesas, bistecs y otras providencias, que siempre ayudan a planear el menú proteico del mes. Pagué mi cuenta y cargué el peso acompañada de mi cuñado, que acaba de superar el terrible transe de un choque por una gandola que se salió de control en la autopista regional del centro.
Conversamos alegres sobre su bebé que es mi adoración, el motivo de las risas constantes en mi familia, pues ya arribó a sus 8 meses y por supuesto está replicando cuanta mueca observa o simplemente “le sale” en actos reflejo. Arreglé todo en el congelador, saqué lo necesario para cocinar, prendí el radio mientras buscaba uno de mis discos favoritos: Desorden Público en el Teatro Teresa Carreño, concierto al que fui y del que salí vibrando por los 18 años –en 2003- del grupo que más admiro de este país nuestro.
Elecé tiene el disco 1, así que me tocó escuchar el 2, rechistando por el desordenado uso musical de mi consorte, pero no hay cebolla, ají dulce, ni pimentón que se resista a mis decibeles mientras acompaño la voz de Horacio Blanco. Llamando a mis padres a comer, apagué el bochinche. Inevitablemente en el almuerzo renace el tema de la ley de educación, cínicamente promulgada en el mismo teatro del concierto, ayer tarde, en cadena de radio y TV, para que a nadie le quedara duda del vigor de la imposición legislativa más desoladora que nos haya tocado vivir con esta asamblea de protozoarios que cobran un salario por aplaudir y hostigar.
Fregué platos y trastos, asumí que prender la televisión no era una buena opción, que mejor me vendría caminar, aprovechar el pegoste de una ciudad de lluvias imprecisas y tráficos terribles, pero mía. Olvidé el cine en solitario y me adelanté, tras bajarme en Chacaito, a un trancazo de gente que se distribuía a placer entre un grupo de músicos peruanos, unos payasos más innobles que el mismo Popy y un vendedor de películas piratas.
Al terminar de subir la empinada avenida y ya sobre la Libertador, pasando una peluquería “Only for Chinos” –en serio-, apuré el paso pues curiosamente no había mucha gente. O bien, sí había alguien.
Un cretino se abalanzó sobre mí, tomándome por el brazo derecho, me gritó que le diera mi cartera, que me quedara quieta porque si no “¡ay!”. Su voz no sonó tan contundente, él tampoco estaba para saber que traía un contrarío enorme, que a la Ley de educación debe sumarle la ley de tierras urbanas, la de procesos electorales, el brutal asalto a 12 periodistas, la cantidad de lacrimógenas del mismo día, las amenazas de secuestro a seres que amo; la convicción de un fascismo que crece y no tiene vergüenza alguna en hacerse manifiesto en cada decisión de este gobierno-partido-fuerza armada. No. Él no tenía que saberlo.
Le grité. Me separé. Le dije que no iba a dársela, que buscara oficio y me dejara en paz. Que no me daba la gana. Mientras le gritaba, él se subía los pantalones una y otra vez, no sé si fue solo desconcierto o si en otras oportunidades le habrá servido como señal de intimidación. Tampoco me importó mucho. Si él hubiese tenido un arma, tenía que haberla usado desde el principio. Volvió a gritarme, me insultó con más rabia que al inicio. Y no me moví. No sé por qué, pero no me moví. Él comenzó a cruzar la calle y se volteó para continuar con su segundo asalto, el del ultraje con palabras. No me moví. Me crucé de brazos mientras esperaba que la distancia se hiciera mayor. Fue una estupidez, pero no me moví.
Todo me latía, durísimo. Llegó un mensaje de texto de Elecé y le respondí mientras me temblaba el pulso que estaba llegando, que por favor bajase a abrirme. Respondió un “ok” y por fin avancé hacia su encuentro. Los minutos, en clara correspondencia con la teoría de la relatividad, se me hicieron eternos. No bajaba, no llegaba, no aparecía. Y ahora sí me movía. Movía mi cabeza y mis ojos en todas las direcciones posibles. ¿Y si regresa?… Pues no le veo. Pero a Elecé tampoco.
Comencé a desacelerarme, pero la ira estaba allí, trasmutándose, recordándome cada injusta muerte que he tenido que leer, que vivir y asistir. La nuestra es una tasa de súper y sobrevivencia, una lotería. Vete tú a saber cómo te trata la fortuna en una violencia que arropa mucho más que nuestras emociones, porque no es un asunto de percepción sino de praxis. Es una licencia instalada en el imaginario de tantos tipos como éste, que acompasan el morbo y la nula compasión para asumir la vida del otro como nada.
En aquel concierto con el que cociné, en la canción “Valle de balas”, Horacio Blanco intercalaba la letra con una sesión de preguntas sobre la inseguridad, cuyas respuestas sólo transmitían la emoción de los fanáticos-víctimas en el teatro. En ellas declama:
“…porque lo que pasa, es que quienes vivimos en Caracas, estamos acostumbrados, tristemente acostumbrados, a ver armas, a escuchar balaceras, a ver muerto en la acera… y en cualquier esquina, sale una ratica…”.
Lo cantaba en el mismo Teresa Carreño donde anoche se vitoreaba una ley, legal pero ilegítima. Pues nos arrebataron la participación. Asaltaron nuestra educación. Embistieron nuestro derecho al diálogo.
Vivo en un valle de balas. Mi ciudad está brava, y yo con ella. Y me muevo, no me acostumbro; me encumbro y sigo. Aunque el plomo revienta y nadie se alarme más de la cuenta.
“Que santifiquen a José Gregorio, y el presidente pa’l sanatorio”
El video de aquel concierto
La canción Valle de balas inicia en el segundo 30”, las frases de Horacio comienzan en el minuto 2′50”.
El Gobierno Parroquial en Caracas
En nuestro diario andar ejerciendo el rol de activistas o líderes comunitarios nos enfrentamos al reto de no aislarnos en posiciones político partidistas, que limitarían nuestro radio de acción e influencia, por tanto hay que estar presente en toda actividad que se nos proponga, más si ésta ofrece ayudarnos a resolver nuestros problemas.
Patear la calle es nuestro pan de cada día. Nada nos llega caído del cielo. Hay que lucharlo y trabajar con las uñas y sin escatimar en hacer lobbies; por tanto, cuando nos ofrecen un espacio abierto en donde podemos discutir el acontecer comunitario debemos participar sin ver para los lados.
Así pues: yo intervengo en lo que se denomina gobierno parroquial en la ciudad de Caracas, Municipio Bolivariano Libertador. Cuando hablamos de ello, lo primero que pensamos es: ¿con qué se come eso?, y para digerirlo empecé a recordar qué significan la palabras que componen dicha actividad (pues es una actividad al igual que un espacio de discusión):
Cuando nos referimos a parroquia generalmente la asociamos con una división territorial (la menor de todas) y cuando hablamos de gobierno nos referimos a ejercicio de las funciones del Estado. Entonces, cuando hablamos de gobierno parroquial, estamos hablando del ejercicio de las funciones del estado por parte de las parroquias. Ya para 1995 Aristóbulo Isturiz propuso el gobierno de las parroquias a través de una ordenanza para la Creación y Funcionamiento del Gobierno Parroquial en el Municipio Libertador que fue aprobada por la Cámara Municipal en ese mismo año.
Esta ordenanza establecía que el gobierno parroquial estaría integrado por la junta parroquial, funcionarios de la alcaldía pertenecientes a las distintas direcciones, la comunidad organizada, los alcaldes y diputados del circuito, los jueces de paz de la parroquia, los jefes civiles y los representantes del poder central, municipal e institutos autónomos con actividad en la parroquia.
El gobierno parroquial hoy
En este año 2009, un novísimo alcalde Jorge Rodríguez vuelve a proponernos el gobierno parroquial, ya sin el apoyo de una ordenanza, pero como política del municipio para la toma de decisiones y, por supuesto, allí estamos presentes. Toda decisión en el municipio que afecte a una parroquia en particular debe ser tomada, en teoría, por el equipo del gobierno parroquial, que está constituido por todos los representantes de la comunidad organizada o no que quieran participar en ellos. La experiencia es buena y la idea es aún mejor. El hecho de que las decisiones de mi comunidad sea decisiones de todos lo que allí hacemos vida, constituye un reto que nos exige respetar la opinión de todos, pues incentiva el ejercicio de la democracia protagónica establecida en la Constitución Nacional por parte de las comunidades.
Nuestra misión en este blog es informar sobre el acontecer de ese gobierno en nuestra comunidad en particular, la joven, bonita, “ecológica” y populosa Caricuao. Todo un reto.
Historias del terremoto: Fantasmeando en Caracas
Cuentos de familias relatados en casa cuando el susto ya pasó
29 de Julio del año 1967, Caracas vivía un capítulo mas de su historia de días y noches urbanas como las de cualquier capital de un país petrolero, democrático, en desarrollo, nada muy trascendente sucedía, excepto que Venezuela esperaba el certamen de belleza mas común de nuestra cultura femenino idólatra, el Miss Universo, por supuesto Venezuela encabezaba el cuadro de favoritas con Mariela Pérez Branger.
Mi suegra, inmigrante italiana, residía en la cuarta avenida de Los Palos Grandes y no hacía otra cosa que distraerse en sus típicas tareas domésticas con dos pequeños en casa. Pretendía con certeza que su vida fuera casi igual a la noche anterior y seguramente muy similar al día siguiente. Se dirigía al balcón del muy contemporaneo edificio Residencias Unión (todavia en pie) donde vivía, en cualquier momento llegaría su marido con la canilla de pan francés bajo el brazo y ansioso de estar en casa con sus pequeños.
Muchas eran las ganas de recibir el fresco sereno de cualquier noche cercana al Cerro Avila, cuando se percató de que su tía le gritaba con mucha insistencia que no lo hiciera, que se retirara del balcón, rotundamente y sin titubeos la hizo que entrara. De pronto comenzó a temblar todo y un ruido aterrador se adueñó de Los Palos Grandes. Asustada recogió a los pequeños Antonio y Adriana y como pudo bajo a la calle porque sin haber sentido antes uno igual, eso seguro era un terremoto.
Ya en la calle a salvo, pudo hacer un recuento de lo sucedido. Con el corazón entre el infarto del susto y la aceleración incontrolable, vió atónita cómo todos los balcones de su edificio se desplomaron. Nadie que estuviera asomado esa noche a esa hora en los balcones habría sobrevivido. En efecto la tía le salvó la vida, una tía que había muerto siete años antes.
Esa noche de julio a las 8: 00 p.m. y algunos minutos más, comenzó el movimiento telúrico de 6,5 en la escala de Richter, que sacudió a la ciudad, sepultó a unos cuantos caraqueños y derrumbó edificios completos, fue el terremoto de Caracas, 1967.
Basura en el sector El Rosario de Las Minas de Baruta
“El paso del tiempo condena al olvido la memoria de un país”
Arthur Miller (Dramaturgo estadounidense).-
MARTES - PREGIRA
La maraña de cables nos dio la bienvenida al sector El Rosario de Las Minas de Baruta.

Los funcionarios locales nos escoltaban mientras rechazábamos los chalecos antibalas. “Si van a ir pa’ esa zona deben ponerse ésto… los habitantes de allí tienen una culebra montada desde lo del domingo…”.
Tras intercambiar una breve mirada con mis compañeros, tomé la palabra: “Tranquilo oficial, no es necesario trasladarnos hasta allá. Este lugar tiene suficientes problemas. La calle con la basura amontonada al lado del comedor comunitario tiene todo lo que necesitamos para el reportaje. Nos vemos el jueves para transmitir en vivo…”.
JUEVES - DIA DE LA TRANSMISIÓN
¡Gloria, –gritó doña Amparo- llegaron los de la prensa! Al instante asomó su cara la cocinera del comedor. Rechoncha y con una sonrisa de oreja a oreja me recordó de nuevo a las “señoras milenarias” que llevan su vida entera vendiendo empanadas en “El Palito”. Al verme se acercó y dijo contenta: “Mijo que bueno que vinieron… a ver si ahora sí es verdad que la alcaldía nos limpia la calle y los niños dejan de comer con ese olor a podrido al lado de uno”. Las autoridades comenzaron a llegar, y con ellos el camión del aseo. “Hacemos lo que podemos… pero la comunidad también tiene que poner de su parte”.


“Móntate un momento en la moto para que veas esta cancha de baloncesto que rescatamos, por ejemplo”. A menos de una cuadra había otro aro… a mí mente vino de nuevo que Caracas debería ser conocida como la capital de los contrastes. Dudo que existan muchos lugares en el mundo en donde dos aros de baloncestos situados tan cercanos uno del otro, puedan lucir tan diferentes.


El reportaje fue un éxito. Por primera vez hubo más autoridades de las que se podía entrevistar. La comunidad hizo sus propuestas para solucionar el problema de la basura. Un vecino aprovechó para hablar sobre el mal estado de los cimientos de su casa… “si vuelve a llover fuerte, esta vaina se cae”. El camión limpió la calle, nosotros recogimos nuestros peroles al terminar y nos fuimos entre sonrisas y deseos… “ojalá y se mantenga limpio…”
Los vecinos prometieron que iniciarían una campaña de concientización para que ya nadie arrojara desperdicios fuera de las horas establecidas y los lugares reglamentarios.
Del incendio ni siquiera se habló, aquello ya era una noticia demasiado vieja. La señora Gloria me recordó cuando nos marchábamos, que no había tenido tiempo de decir que le faltaba el gas para el comedor comunitario… los policías volvieron a sus chalecos antibalas… todo esto ocurrió la semana pasada.
Un escritor llamado Roger Martin du Gard dijo que la vida sería imposible si todo se recordase, y que el secreto para vivir bien está en saber elegir lo que debe olvidarse… me pregunto si los vecinos de El Rosario recordarán que parte de la solución a sus problemas está en sus propias manos, si las autoridades recordarán que la mejor manera de atender una emergencia es evitando que ocurra o si, como suele suceder, es más fácil olvidar…





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