Información: la verdadera revolución social
¿Qué esta pasando en América Latina con la libertad de expresión? Será que los presidentes definitivamente tienen la virosis del “impolutismo severo” terminología auténticamente endógena, que se me ocurre por eso de impoluto. (Limpio sin manchas, según la Real Academia Española), o es que el populismo se ha contagiado por estas latitudes, más que el virus de la influenza H1N1.
Esta nueva manera de acallar lo que no les gusta que se diga, va directamente en contra de los ciudadanos. No se puede seguir apabullando a la libertad de expresión, pues ella representa “la voz de las masas”.
Será que es una nueva enfermedad infecciosa, que está causando furor en las pasarelas presidenciales y va tomando un matiz de reyes y reinas, que se creen intocables en sus reinados y quieren imponer los hierros del silencio, a todos los que se vieron de pronto, atados a su magnánimo reino.
No se puede permitir que se enmudezcan las voces discrepantes, que colocan en la boca común, los buenos o quizás no tan buenos meritos, de los distinguidos personajes de la realeza gubernamental.
Ellos, que han sido elegidos para gerenciar la empresa de sus países - ya que cada país pertenece a cada uno de sus ciudadanos - son las personas que deben brindar sus mejores oficios a esa labor en común “llamada patria”.
No es meritorio voltear las cosas a conveniencia de unos pocos “con poder otorgado” y en contra de unos muchos “con poder subyugado”.
Si la excusa radica en que los medios de comunicación forman matrices de opinión no veraces, o que proceden para ventaja de si mismos o de otros, o que van en contra de algún ciudadano del estado, llámese: presidentes, ministros, jueces, policías, militares, o cualquier ciudadano del poder público, existen mecanismos ajustados a derecho para sancionarlos por la falta cometida. Pero lo que no existe es el prohibir el derecho que tenemos todos a estar informados, de los trapitos blancos, rojos o negros, que se encuentren en la lavadora de aquellos que están ejerciendo una función de servicio público y a la cual accedieron por voluntad de la mayoría de sus pueblos.
¿Será que tenemos que inventar una vacuna para colocársela a los señores presidentes antes de que se apoltronen en las sillas del trono, para evitarles la embestida del malévolo virus y entiendan sin derecho a pataleo, que ellos son nuestros representantes y nunca nuestros amos?.
¿Será una nueva epidemia que cada vez se está haciendo más contagiosa entre nuestros presidentes y esta llevando a terapia intensiva a muchos medios en América Latina? Si es así; tal actitud solo puede indicarnos que las cosas no se están haciendo bien…
El silenciar a los medios de comunicación, a punta de leyes aprobadas por una mayoría legislativa del momento y no enfrentarlos con las acciones comprobables, es un mal que no trae beneficios a los países y mucho menos a sus gobiernos.
En pleno siglo XXI, donde las comunicaciones van marcando la vanguardia entre los habitantes del mundo, resulta incoherente - para no decir otra cosa - que se esté dando este efecto de regulación tan burdo.
¿Es acaso que las ideas no les dan para defender como debe ser sus administraciones, o es qué en realidad la cuestión es tan sórdida que no les queda más remedio que hundir en el fango de un mutismo impuesto, todas las informaciones que no les favorezcan?
Esta situación va en contra de la evolución, si bien los medios de comunicación son un poder a nivel mundial, no es haciendo leyes, alienando cerebros o amordazando plumas que se le hace frente. Eso es una especie de auto confesión de su temor y el que no la debe no la teme.
Hay suficientes formas legales para desmontar con hechos veraces, que lo que se informa no es la verdad y por lo tanto se pueden aplicar las sanciones correspondientes a los que cometan la falta.
Cada quien es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice … o como dicen por allí, unas palabras sabias… “por sus frutos los conoceréis”. Pero si se toma la medida de silenciar a punta de poder, a esas multiplicidad de voces que expresan o denuncia (bien sean verdades o mentiras) y no se deja a las personas discernir al respecto ¿Cómo se va a hacer, para que tengan un criterio propio, para que no se equivoquen cuando por medio del voto, elijan a quienes van a ser sus gobernantes por un determinado periodo de tiempo?
Siempre se ha dicho que la información es la mayor de las fuerzas y quizás, por este motivo los que se adueñan de ella, la quieren controlar tanto.
Es como si el ser humano atentase constantemente contra si mismo, tratando de guardar en el banco del “mío solito”, toda la información para mantener a favor el crédito deudor del dominio de los ignorantes.
El mundo tiene que ir en evolución, tiene que romper las normas que aprisionan la inteligencia y el desarrollo del colectivo, tiene que humanizarse, educarse y enseñarse a así mismo para dar la opción por igual a todos los seres del planeta.
Es aquí, donde la información es la clave para alcanzar ese crecimiento, es la única manera de liberarse de las cadenas impuestas por tantas organizaciones, gobiernos, sectores de poder, etc., que han hecho del poder “el dominio del hombre por el hombre”.
Un mundo informado, es un mundo más pensante y esto a su vez crea mayor oportunidad de desarrollo para todos. ¿O es qué simplemente el juego macabro consiste en que unos pocos manejen el destino de mucho, para que sigan las diferencias enlutando a la humanidad?
La libertad es algo inherente al ser humano, y ese derecho debería ser el objetivo común de todo ser viviente, ese es el verdadero camino para desarrollarse en conjunto como ciudadanos del mundo.
Hoy la tecnología esta abriendo una luz, en vía de ese camino y en el cual, la ocasión se propone para todos por igual.
La web 2.0 es prueba de eso. Precisamente en estos tiempos de apertura y oportunidades independientes para cualquier mortal, es que los gobiernos están tratando de cerrar las puertas a las mayorías. ¿Será que quieren que sigamos sometidos a sus egoísmos y ambiciones personales?
No debemos claudicar y dejar que se nos siga utilizando, ya que la misma inteligencia humana se ha zafado de las limitaciones impuestas por los poderes del mundo. Tenemos derechos merecidos, al igual que deberes recibidos y queremos estar informados para poder comprender por cuenta propia y actuar con conocimiento de causa, para ayudarnos “todos” a formar y participar activamente de un futuro mas digno, para cada uno de los habitantes del planeta.
Ya es hora de que se nos deje ser, que se nos escuche, que se nos tome en cuenta y que se nos permitan formarnos en base a nuestras propias conciencias, esas que deben estar rivalizadas solamente por el buen accionar para con nosotros mismos y para con los demás.
Déjenos comunicarnos libremente, déjennos debatir las ideas para formarnos un criterio personal, déjenos pasar de ser utilizados, a ser útiles, déjenos pensar libremente y concluir por nuestra propia sapiencia, déjennos estar informados de todo, para poder accionar a favor del bien del colectivo, déjenos crecer en comunidad y no bajo el mandato de algunos.
En conclusión: déjennos informarnos para aportar soluciones en paz y lograr hacer en conjunto la verdadera revolución social.









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