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Gente de a pie

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La consigna que nos hará reencontrarnos

Escrito por Pablo Sánchez el Agosto - 15 - 2009 3 Comentarios

“Si es cierto que en cada amigo hay un enemigo potencial ¿Por qué no puede ser que cada enemigo oculte un amigo que espera su hora?”

Giovanni Papini (1881-1956) Escritor italiano.

foto1

-¿Ellos vienen con ustedes? -preguntó la conserje al ver de reojo a los tres tipos que estaban entrando por la puertecilla que daba al techo del edificio.

- No. Yo no los conozco -contesté mientras la muchacha volteaba asustada hacia el precipicio que teníamos adelante; el técnico que montaba la antena se hizo a un lado de inmediato, me pareció que (al igual que la conserje) buscaba como huir del lugar.

-¿Ustedes quienes son? -preguntó el que parecía ser el líder- ¿De qué canal son?

-Somos de Televen -contesté de inmediato acercándome a él-, mucho gusto. Pablo Sánchez, productor de El Noticiero -dije tendiéndole la mano para darle la bienvenida sin hacer caso de las pistolas que mantenían visiblemente ocultas en sus manos bajo la tela de sus franelas. Mi mano se quedó en el aire sin recibir respuesta…

La cosa ocurrió hoy hace ocho días. Llegamos a eso de las nueve de la mañana al Palacio de Justicia con la misión de montar la antena de microondas para transmitir en directo para El Noticiero de medio día lo relativo al juicio de Lina Ron.  Al llegar nos informaron que no había autorización de las autoridades para instalar las antenas en el sitio acostumbrado.  Ningún medio podría transmitir en vivo desde allí.  Sin embargo, eso no nos detuvo.  Si algo he aprendido en mi vida, es que la palabra “no” jamás es aboluta; siempre hay alternativas.

Cuando llegó el técnico decidimos improvisar.  Buscamos otro lugar para transmitir.  Luego de evaluar los alrededores, decidimos que un edificio cercano podría servirnos (aunque eso implicaba un mayor esfuerzo y ciento cincuenta metros de cable hasta el Palacio de Justicia).  Tras un breve intercambio de palabras con los inquilinos, logramos el permiso.  Eran las once de la mañana, el tiempo apremiaba.

La manifestación había tenido sus “altas” y sus “bajas”.  Los simpatizantes de Lina Rona habían estado coreando consignas como: “Comandante Lina Rona, aquí está su batallón” y “Liberen a Lina Ron”.  Las voces se mezclaban con el discurso de un anciano que hablaba a través de un megáfono tratando de mantener en alto el tono de la “protesta”.  Tras una hora y media, el sol arreciaba y se notaba cierto cansancio entre los manifestantes.  Dos hileras de motos estacionadas a los lados del tumulto, demarcaban el sitio.  De repente alguien gritó: “¡Fuera Globovisión! ¡Fuera RCTV!”  El tono de los presentes se elevó como no se había escuchado en toda la mañana.  El aire que se respiraba comenzó a hacerse más denso.  Los efectivos militares que resguardaban la entrada del organismo, exhibían ahora en sus chalecos pequeñas esferas negras que (sin ser un experto) reconocí como bombas lacrimógenas.

Tras examinar el techo del edifico supimos que el sitio era perfecto para la transmisión.  Fuimos a la camioneta a buscar los ciento cincuenta metros de cable y procedimos a la instalación.  La conserje se mostró muy amable con nosotros.  La vista de las torres de El Centro Simón Bolívar se apreciaban en su vencida magnificencia, así como el verdadero volumen de los presentes en la manifestación.  Yo charlaba con la chica mientras el técnico terminaba de cuadrar la imagen y calibrar los instrumentos cuando ellos llegaron.

El más alto era también el más delgado, el que habló conmigo tenía una pequeña cicatriz en el rostro (de esas que trasmiten de inmediato que la vida no ha sido fácil), el tercero se movía muy rápido en todas direcciones con una gorra puesta.

- Vimos una vaina aquí en la azotea…

- Tranquilo mi pana - le dije- sólo estamos instalando una antena para transmitir para El Noticiero del medio día. Es todo.

- Bueno ustedes son Televen… Televen ta yien porque po lo menos, ustés sacan dos de un lado y dos del otro ¿Mentienden?… eso sí, si hubieran sido Globovisión, NO los dejamos instalar na! Esa gente lo que hace es sembrá el terror y manipular y uno no sabe pa que van a usar lo que graban.

- Mi hermano -contesté al fijarme en la convicción de su mirada fija en mí- si de algo estoy convencido por lo que usted dice -y lo dije muy en serio- es que usted, al igual que nosotros, sólo quiere lo mejor para este país -volví a tenderle la mano al final de mis palabras, y esta vez me la estrechó.

- Chamo le voy a decir una cosa -contestó- yo soy chavista radical… yo no como coba al momento de tener que hacer lo que sea para defender este país.

- Nosotros tenemos que promover la paz -dije- es parte de nuestra función como medios. El periodismo debe ser un Periodismo de Paz -no pude evitar sonreir ligeramente al acordarme de Luis Carlos.

- Chamo… chamo… así mismo es ¡Vámonos! - le dijo a sus compañeros.

- ¡Hey! -dije yo sin aguantar el impulso- mi nombre es Pablo Sánchez -repetí-, cuando quieran estamos a la orden…

- Mi pana… mi nombre es… “TAL”

- Gracias señor “TAL”

Y del mismo modo en que llegaron se fueron.  Sin que nadie supiera por dónde pasaron y sin que nadie los notara.  La chica se asustó mucho.  Media hora después del incidente seguía temblando.  El técnico me confesó que en más de diez años de montar microondas para las noticias, jamás había vivido algo así.  También se asustó.

Le advertimos al reportero que “por razones de seguridad” no hablara mal de los manifestantes. “Luego te explicamos”, le dijimos.  La transmisión se hizo sin mayores contratiempos.  Todo estuvo listo apenas unos segundos antes de la hora pautada.

Tomé mi celular y “tuitié”: “Acabamos de comprobarlo una vez más… Todos queremos lo mejor para este país… Esa es la consigna que nos hará reencontrarnos”.

Menos periodismo y más corrupción, un artículo de Sergio Dahbar

Escrito por jnievesmontero el Agosto - 1 - 2009 1 Comentario

Cartel mapa de medios de comunicación en VenezuelaNo abundan los trabajos reflexivos sobre la naturaleza del oficio periodístico y las consecuencias de su crisis actual en medios de comunicación masivos. O bien porque resultan extensos y cada día existe menos capacidad para publicar debates. O bien porque los editores se encuentran demasiado angustiados con los recortes financieros, la caída de la circulación y la desaparición de la publicidad, como para pensar en lo que deberían estar pensando.

En Letras Libres, raro oasis mexicano en el magma de las revistas latinoamericanas, dirigida por el ingeniero e historiador Enrique Krauze, apareció un artículo de esos que ya rara vez se suelen publicar. Lo firma Paul Starr, profesor de comunicaciones y asuntos públicos en la escuela Woodrow Wilson, de la Universidad de Princeton. Y posee un título sugestivo: “Adiós a la era de los periódicos: bienvenida la nueva era de corrupción”.

Especialista en medios y periodismo, autor del libro Freedom’s Power (Basic Books, 2007), Starr confirma la siguiente especie: “Entre más baja resulta la circulación de periódicos en un país, más alta es la posición de dicho país en el índice de corrupción”.

Esta no es idea que Starr pone en circulación porque le parece ocurrente: es una reflexión central en su interesante y cautivador trabajo que se apoya en un estudio de 2003 realizado por The Journal of Law, Economics, & Organization, por Alicia Adsera, Carles Boix y Mark Payne, en donde rastrean la relación entre corrupción y libre circulación de periódicos.

Como agrega Starr, una prensa financiera comprometida es más susceptible de ser una prensa éticamente comprometida. Ahí es donde está el detalle. Los diarios se encuentran en el mundo entero en crisis. Pocos han superado esa primera conmoción que implica ver disminuidas sus plantas de periodistas, o recortados los sueldos para sobrevivir la hecatombe financiera. Menos aún han logrado entender que si no se adaptan a los desafíos que impone la red, desaparecerán como los dinosaurios.

Existe demasiada rabia en la sociedad contra los medios como para justificar esta crisis con estas palabras: “Lo merecían, dejemos que sean ellos los que sufran ahora”. Pero semejante reclamo es lo que llaman alegría de tísico.

Lo que perdemos todos es algo que vale demasiado como para hipotecarlo con un resentimiento pasajero. La investigación que siempre ha desvelado a los corruptos, porque pone en evidencia sus chanchullos con el Estado y con la empresa privada, para engordar sus alforjas con sobreprecios y otros negocios turbios.

Quiérase o no, los medios constituyen una parte esencial de cualquier sociedad.

Han sido los ojos de la comunidad frente a malos desempeños públicos, la posibilidad de controlar a los abusadores, una suerte de sistema cívico de alarma, como lo llama Paul Starr. En Venezuela el tema posee una vigencia alarmante: no sólo porque la crisis económica afecta la calidad del periodismo que podría servir de auditor social. Sino porque el gobierno de Hugo Chávez, con su naturaleza autoritaria, desea arrodillar a la profesión.

RCTV perdió la concesión; Venevisión optó por el nicho de las comiquitas; Globovisión pende de un hilo porque tubearon al Estado informando sobre un sismo; Unión Radio ha sido visitada por funcionarios del Estado con grabaciones puntuales de programas que el Gobierno considera incómodos. Los medios impresos, que marcaban la agenda con grandes investigaciones sobre casos de corrupción o ineficiencias del Gobierno, sufren los embates de la crisis económica y en algunos casos son adquiridos por grupos que desean enfocarse en el negocio (no se sabe de quién).

El caso venezolano sirve para justificar con muchos otros ejemplos mundiales el artículo de Paul Starr. El cuarto poder, o bien por la crisis económica o bien por la presión de gobiernos autoritarios, dejó de ser lo que era. Lo que sin duda tendrá efectos nefastos en la sociedad. Starr propone, para evitar que se profundice la corrupción, utilizar el poder que antes detentaba el periodismo de otra manera. La última frase de su trabajo es lapidaria: “Nuevas tecnologías no nos despojan de nuestras viejas responsabilidades”. Quizás haga falta algo de creatividad, que siempre sale a flote en tiempos totalitarios. (vía El Nacional)

Foto: LuisCarlos Díaz CC

Dejamos a Nelson Bocaranda con la boca abierta

Escrito por Luis Carlos Díaz el Julio - 14 - 2009 Comentar

El periodista Nelson Bocaranda nos tuvo en su programa en Onda 107.9 fm la semana pasada para hablar de Gentedeapie. Bocaranda estaba bastante entusiasmado con la repercusión que ha tenido su presencia en Twitter y cómo ha tejido, gracias a las nuevas tecnologías, otras formas de comunicarse con el público dentro y fuera de su programa. Mientras habla al micrófono, tiene su laptop abierta para las noticias de última hora y, desde hace algunas semanas, su cliente TweetDeck para tener dinámicamente las últimas interacciones en su cuenta Twitter, cuyos followers no paran de crecer.

El programa estaba siendo grabado para que se emitiera media hora después. Así que encendimos el teléfono celular, nos conectamos a la red WiFi de la emisora que estaba abierta y activamos el servicio de Qik.com, que nos permitía emitir en vivo un video streaming en la Internet. Paralelamente avisaba a nuestros contactos en Twitter que estábamos conectados y recibíamos comentarios por allí. En pocas palabras: salimos por Internet antes que en la radio. El rostro de Bocaranda fue el mejor indicador de que con la tecnología en manos de la gente, estamos en otros tiempos.

Camera-man: Jogreg Henríquez

Somos la Gentedeapie
 

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En Gente de a pie nos proponemos ensamblar dos grandes potencialidades: la generación de un nuevo espacio de información y promoción de venezolanos interesados en la democracia como sistema de gobierno, y, la utilización sistemática de nuevas tecnologías multimedia. ¿El añadido? ¡El trabajo en red!

Queremos más gente en Internet produciendo contenidos que narren este país. Ya es hora de romper un poco los dos discursos únicos que parecen ocupar toda la narrativa del proceso venezolano. Queremos potenciar nuevas voces, dotarlos de más herramientas y brindarles un soporte en el ciberespacio hasta que funden su propio puerto.

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