Los sonidos del silencio…

Suena el despertador. Es hora de comenzar la carrera, para poder llegar al trabajo. Levanto a los muchachos, para que se vistan. Voy corriendo a la cocina, lista para preparar el desayuno después de dejarle la comida a mi gato.
Prendo mi compañera, ésa que nunca falta. Ella conmigo siempre. Nunca me ha dejado. Con ella lloro, río, me amotino y me calmo. Es mi amiga todo terreno: mi panita “la radio”.
¡Sorpresa! Hoy no es un día normal. Al escuchar a mi compinche, con gran aturdimiento, siento que hay un silencio latente en mis oídos acostumbrados a otra cosa. Me digo: ¿Dónde está mi musiquita, mis noticias, mis emisoras? ¿que pasó? ¿Será que aún estoy dormida?
Busco mis programas, mis amigos mañaneros, mis compañeros de siempre, y no hay nada. Con espanto me doy cuenta que le cambiaron el dial a mi vida. Que tengo una tortura en mi casa. Voces que dicen lo mismo, que hablan del mismo hombre, y con las mismas palabras, todo es un grito al unísono. Ya no hay rock, ni reguetón, ni mi salsita sabrosa, ni boleros llorones, ni baladas, ni noticias, ni mi música clásica. Sólo programas que reflejan lo mediocre del engaño. Lo malo de la escasez creativa. Lo terrible que se escucha lo improvisado. ¿Será que la radio es la televisión y la televisión es la radio y los dos son el gobierno y el gobierno es el estado, y el estado es el señor?
¡Dios! Se me caen los cabellos, se me explota el microondas, los chamos piden el desayuno. Mi pareja se levanta con cara de marido bravo, (esa que pone cuando no quiere que le pregunte, por qué carrizo llegó tarde) y yo… allí en mi colapso…
Los miro y les digo a todos, la radio se ha silenciado en una sola frecuencia, en un sólo monólogo largo, que habla de admiraciones, que no se parecen al caso de mi cuñado: hace un mes lleva un duelo, porque le mataron su muchacho. Ni al de la vecina, del apartamento ocho, que tiene más de dos meses, esperando por la operación de su mamá, y vive día a día el viacrucis del caos, del sistema hospitalario. Los observo a todos con furia y entiendo que nunca me he volteado para ver lo que pasaba. ..No me había tocado… Les digo que estoy de huelga y duelo. Que no hay comida, ni trabajo, que hoy yo me di cuenta, de la indolencia que he llevado, por creer que lo tenia todo, y que a mi, “esos problemas políticos, de los que tanto se decía por allí” nunca me llegarían a afectar en mi burbuja confortable, de intimidad y elección de vida.
Me digo, con interna tristeza, que equivocación tan grande. A mi compañera de tantos ratos, hoy la han silenciado, y con ella mis mañanas, mi expresión, mi poder de decidir… es que son, tantos y tantos años…
Me siento desarraigada, de mi vida cotidiana, ya no sé si estoy en mi patria o en un lugar prestado. Siento opresión en todo, al pensar lo sola que me he quedado. Una reflexión interna, sale como voz de algún lado “atormenta mi conciencia”. Se repite una y otra vez …Te han quitado el país y tú ni cuenta te diste, te quitaron tu cómplice solidaria y te dejaron colgada, en una cadena perpetua, que se pierde entre la nada.
Suena el despertador….





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