¿Cómo pongo ‘todo junto’ si se escribe separado?
Facebook, Twitter, Windows Live Messenger, Blogger (o WordPress), BlackBerry Messenger, SMS (Mensajes de Texto), MMS (Mensajes Multimedia)… Redes sociales, microblogging, internet 2.0, telefonía celular, Wi-Fi…
Tantos servicios, tantas herramientas, tanta tecnología y yo lo que quiero es saber si mi familia está bien, pedir ayuda si me accidento, avisar a mis vecinos que llego el azúcar o enterarme si esa persona que tanto me gusta por fin está disponible.
Y es que mi vida era una cadena de días más o menos así: En la mañana reviso el face (si, así ‘face’ y se pronuncia feis por que ya somos como panas) para saber de los viejos y nuevos amigos, ver y montar fotos, responder unos cuantos test y cuestionarios (para saber cuánto conozco a mis amigos), publicar las cinco cosas que odio y a todo el mundo le gustan, y exhibir mis conocimiento de música contestataria del siglo XII, revisar los augurios y… bueno enterarme que aun no está ‘disponible’; luego paso al Twitter donde varios seguidores me otorgan un #followfriday, veo que novedades han escrito Ricky Martin y Paulo Coelho, y descubro que su Santidad el XIV Dalai Lama ha decidido seguirme.
Todo eso lo hago mientras recibo y respondo varios mensajes de texto por el celular: mi hermana necesita un favor, del trabajo me recuerdan que tengo clases esta tarde y confirmo con unos panas la ida al cine en la noche.
Ya en el trabajo aprovecho un receso entre clases y reviso varios blogs que sigo habitualmente, intercambiando comentarios con sus escritores. Mientras chateo con varios amigos vía Messenger, estamos cuadrando el próximo twit&tequeños.
Llego del cine a publicar una reseña sobre la película en mi Blog, no sin antes reportar vía twitter que la peli es malísima para que los demás no boten sus reales.
Bueno… mis días eran así hasta el fin de semana pasado cuando el gobierno creyéndose el Estado y gracias a la tergiversación de algunas leyes cerró las primeras 34 de una lista de más de 200 emisoras de radio y televisión que le hacían ruido al ‘proceso’. Así ese fin de semana entendí eso de que la necesidad obliga y que no hay metas imposibles sólo hombres incapaces.

Ese fin de semana entendí que podía usar mi estado del face (ahora somos más amigos que nunca) para decirle al mundo que en mi país nos quitaban el derecho a recibir y acceder a información de diferentes líneas de pensamiento, para imponernos un ‘pensamiento‘ (así entre comillas y rayado) único. Descubrí además que si ponía mi estado en al menos dos idiomas le llegaba a más gente, que podía compartir los videos y escritos de amigos, conocidos y recién descubiertos ‘compañeros de armas’ y que la foto de mi perfil podía ser mi bandera de lucha.
Ese fin empecé a leer qué dicen Nelson Bocaranda y Maruja Tarre entre otros tuiteros, muchos protegidos por el anonimato para reportar desde varios órganos en el interior del monstruo. Además me enteraba de la opinión de otras personas comunes y corrientes, ‘de a pie’ (así como yo) sin intermediarios; también me enteré como Ricky Martin, Kevin Spacey y Alyssa Milano, entre otros famosos nos daban sin alfombra roja, ni traje de diseñador, ni cámara delante su apoyo sincero.
Ese fin no escribí en mi blog reseñas de cine, ni relatos fatuos de mi vida banal. Escribí sobre la impotencia y la frustración de ver como el despotismo se regodeaba en su abuso.
Y lo más importante: Descubrí que no soy una víctima indefensa de un gobierno autoritario, no estoy indefenso ni estoy desarmado. Estoy armado hasta los dientes y listo para la batalla por mi libertad, armado de ideas y argumentos, de celular y PC.
Estoy armado de: Facebook, Twitter, Windows Live Messenger, Blogger (o WordPress), BlackBerry Messenger, SMS (Mensajes de Texto), MMS (Mensajes Multimedia)… Redes sociales, microblogging (o nanoblogging), telefonía celular, Wi-Fi…




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